Viernes noche

Los hombres le parecían moscas a la miel. Los miraba y estudiaba a la vez. Eran demasiado básicos. Cualquier tratado sobre comportamiento masculino no hubiese tenido que ocupar más de dos páginas, contando eso sí, que una de ellas sería la portada.
Se reía por dentro, mientras pensaba en todas esas cosas. A su manera se divertía aunque a veces parecía seria e inaccesible en un rincón, con una mesa como escudo.
Si los hombres le hablaban, ella los ignoraba, no por prepotencia sino porque no tenía nada que decirles. El desamor había dejado huella en ella y no pensaba volverse a enamorar. Tampoco quería ir metiendose en camas ajenas para hacer realidad sueños ajenos. Quería vivir los suyos propios.
Veía abrirse la puerta, y entrar gente nueva o ya los viejos conocidos. Nunca perdió la esperanza de que entrara por ahí algo parecido a un prìncipe azul, quizás camuflado en chico albanés con chaqueta de cuero marrón, o de chico con mirada perdida y piercing en el ojo, o chico con nariz judía como a ella le gustaban. Alguno de ellos sería, tal vez ninguno pero seguía mirando la puerta con la misma emoción que el primer día. MIentras tanto, se levantaba y bailaba. Y bebía. Quizás algún día haría un streap tease encima de la barra, pero para eso le harían falta un par de copas más que no iba a permitir tomarse. Una sabe sus delimitaciones y ellas sabía muy bien las suyas.
Había llegado el día de perderse en ese lugar donde todos tienen sueños parecidos, problemas similares y solo esperan una sonrisa,un guiño para que sigan latiendo sus corazones. En mi barrio se necesita pan para vivir y alcohol para sobrevivir.
- Otra copa por favor...
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Palmira -