Soy hijo de madre soltera
"Soy hijo de madre soltera" y con eso pretendía disculparse de todos sus actos, presentes y futuros. Sus ojos brillantes y achinados, efecto del consumo incesante de drogas legales e ilegales. Esa marca característica en su ojo izquierdo, semejante a un dálmata y según él provocado por un vitíligo o por una afección en una piscina en la infancia, le hacía parecer un niño perdido, de la calle. Sus brazos articulados en una pose permanente, casi robotizada. Su sonrisa de niño travieso que le
habia salvado de muchos problemas , y malentendidos. ¿Quién podría enfadarse con tal especimen de chico de barrio, con pocas posibilidades, que fanfarroneaba de su puesto de líder en una empresa, cuando no era más que un simple encargado de plantilla?. El se creía importante en su puesto de trabajo. Cuando llegaba a casa, lo primero que escuchaba era el grito incesante de su abuela enferma de alzheimer y sus preguntas repititivas. A veces veía esqueletos y muertos a su alrededor. El la acompañaba al lavabo, mientras su hermano pequeño, hijo de padre árabe con su energía fuera de lo común reclamaba su atención constantemente. Un hermano, blanco de las risas del instituto, sentado en el sofá comiendo sin cesar para calmar su ira. Y su hermana, poco agraciada, le tocaba hacer las cosas de la casa que quedaban pendientes, mientras su madre en la universidad, no daba clases sino limpiaba.
Al acabar el trabajo, lo que menos deseaba era entrar en esa casa de locos, a la que él mantenía. Entraba en cualquier bar y empezaba a dar rienda suelta a su alcoholismo. En el trabajo siempre fue bien, con la ayuda de su colirio y con esa sonrisa que despertaba simpatías.
"Soy hijo de madre soltera" , soltera de cinco hijos. Cinco piedras contra las que volvió a tropezar. Mujer en busca del amor, como tantas otras y que se quedan solo con recuerdos de ese amor, recuerdos de carne y hueso que piden leche y pan entre otras muchas cosas.
"Soy hijo de madre soltera...y he sufrido mucho" , esa coletilla mirándole a sus ojos brillantes te hacía creerlo, mientras levantaba sus cejas y con su mirada imploraba tu comprensión.
Esa frase siempre le había funcionado otras veces, cuando su miedo al compromiso le había puesto entre la espada y la pared. Pero no dejaba de ser una frase, a mi entender, una frase de cobardes. Una frase que te salvaba una y mil veces pero que tiene la misma debilidad que la lengua que la pronuncia.
" Soy hijo de madre soltera" "Y qué?" le espeté yo. "Yo también lo soy"
habia salvado de muchos problemas , y malentendidos. ¿Quién podría enfadarse con tal especimen de chico de barrio, con pocas posibilidades, que fanfarroneaba de su puesto de líder en una empresa, cuando no era más que un simple encargado de plantilla?. El se creía importante en su puesto de trabajo. Cuando llegaba a casa, lo primero que escuchaba era el grito incesante de su abuela enferma de alzheimer y sus preguntas repititivas. A veces veía esqueletos y muertos a su alrededor. El la acompañaba al lavabo, mientras su hermano pequeño, hijo de padre árabe con su energía fuera de lo común reclamaba su atención constantemente. Un hermano, blanco de las risas del instituto, sentado en el sofá comiendo sin cesar para calmar su ira. Y su hermana, poco agraciada, le tocaba hacer las cosas de la casa que quedaban pendientes, mientras su madre en la universidad, no daba clases sino limpiaba.
Al acabar el trabajo, lo que menos deseaba era entrar en esa casa de locos, a la que él mantenía. Entraba en cualquier bar y empezaba a dar rienda suelta a su alcoholismo. En el trabajo siempre fue bien, con la ayuda de su colirio y con esa sonrisa que despertaba simpatías.
"Soy hijo de madre soltera" , soltera de cinco hijos. Cinco piedras contra las que volvió a tropezar. Mujer en busca del amor, como tantas otras y que se quedan solo con recuerdos de ese amor, recuerdos de carne y hueso que piden leche y pan entre otras muchas cosas.
"Soy hijo de madre soltera...y he sufrido mucho" , esa coletilla mirándole a sus ojos brillantes te hacía creerlo, mientras levantaba sus cejas y con su mirada imploraba tu comprensión.
Esa frase siempre le había funcionado otras veces, cuando su miedo al compromiso le había puesto entre la espada y la pared. Pero no dejaba de ser una frase, a mi entender, una frase de cobardes. Una frase que te salvaba una y mil veces pero que tiene la misma debilidad que la lengua que la pronuncia.
" Soy hijo de madre soltera" "Y qué?" le espeté yo. "Yo también lo soy"
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